domingo, 6 de noviembre de 2011

Una ilusión: Bludger.

Marcus camina por el bosque. Siempre le ha gustado ir a correr por allí, es una costumbre, mejor la naturaleza, lejos del ajetreado y vomitivo mundo muggle. Como siempre va observando todo, buscando el aprendizaje más profundo, pues, el conocimiento es Poder.

Tras dos horas de caminata, dispuesto a marcharse oye el quejumbroso y lastimero bufido de algún tipo de pequeño felino. No parecía un bufido demasiado, ¿cómo decirlo?, quizás adulto, quizás fuerte. Al instante su infinita curiosidad despertó para recordarle que el mundo se movía aunque él no lo desease. Cualquiera podría pensar que, a sus 6 años, no debería corretear solo por un bosque, pero dada su condición de Mago y su familia, había sido educado para ser autosuficiente, fuerte, vamos, un mago que no se detiene ante nada.

Tras unos instantes los ojos de Marcus se abren como platos, contemplando una escena dantescamente maravillosa. Una especie de gata, extraña, diferente, yacía muerta en la hojarasca, desgarrada por el esfuerzo y las heridas propinadas por un tejón que allí rondaba mostrando las garras, dispuesto a atacar. Daba la impresión de que la gata había dado a luz a un pequeño gatito, que se debatía entre la vida y la muerte, gravemente herido por el ataque del tejón.

Como es habitual en él, la adrenalina anega sus venas, inundandolo todo, desdibujando la sonrisa de la cordura. Con ambas manos levantó un pesado pedrusco, para dejarlo caer pesadamente sobre la cabeza del agresor, el tejón.

Cuando se relajó un poco, cogió al gato y se lo llevó para salvarle la vida.

Acababa de conocer a Bludger, su Kneazle, su eterno compañero. Aunque en breves descubriría que no era un gato, sino una criatura mágica bellísima, capaz de darlo todo por él. Y entonces descubrió a qué dedicaría su vida.

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