sábado, 12 de noviembre de 2011

Una infancia feliz

Marcus Cepheus Black. El Rey

No hay mucho que decir sobre la infancia de Marcus. Siempre rodeado del misterio y la severidad de Lucius, el cariño extremo de Narcissa, la cobardía y fraternidad con Draco, las risas a costa de Dobby. Siempre presto para dar a sus padrastros una razón más para enorgullecerse de él, estudioso, soberbio, altivo y dominante. Lo que se esperaba de él. Lo que debería ser.

Siempre todos han visto a Marcus, un niño poderoso, un niño con un destino ya marcado. Padre carnal mortífago, padrastro y madrastra mortífagos, no le queda otra que llegar a serlo, es el destino que ha marcado su apellido. Pero su soberbia, su poder, su alma indomable, su dominación llegan más allá de lo que Lord Voldemort puede controlar.


"Nunca un rey será vasallo"


Y así, con innumerables peleas con diferentes personajes que se empeñaban en creerse por encima de él, hijos de amigos de Lucius, amigos de Draco, la lectura de textos sobre el mundo mágico, sobre diferentes hechizos dominó su vida. Aunque la espina que llevó siempre clavada en lo más hondo de su alma, la espina de la que nunca habló hasta Hogwarts, era la imperiosa necesidad que tenía de saber más sobre su padre y madre carnales. En el fondo de su alma se negaba a reconocer que el gran, el poderoso, el increíble Regulus Arcturus Black hubiese sido tan solo un mero mortífago. Tenía que haber algo más, tenía que ser alguien duro, alguien importante. Lo sabía en lo más hondo de su ser. E iba a descubrirlo.

Solo importaban 2 cosas: Ser el más poderoso y encontrar la verdad, su padre y su madre. Y daba igual lo que tuviera que hacer para conseguirlo.

"El fin justifica los medios"

Draco Malfoy. El Alquimista cobarde.

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